Ganadores del concurso de microrrelatos

Tras dos semanas de recopilaciones, ya tenemos los ganadores del concurso “¡Da el tijeretazo!”. Los blogs Ataque Lecturno y Protesta Creativa les habíamos pedido microhistorias que protestasen contra los recortes del Gobierno, y la respuesta, especialmente por la calidad literaria de las obras, ha sido más que satisfactoria.
Debido al panorama actual y nacional, tuvimos que recortar hasta en espacio, pero agradecemos mucho a todos y cada uno de los participantes que hayan querido poner su granito de arena de forma creativa.
Así pues y sin más demora, presentamos con gran orgullo los diez mejores “tijeretazos” del certamen.

 

10. Cecilia Aguilera.

Las tijeras siempre me han obsesionado. No sé por qué, pero me causan pavor. Cuando en el colegio en clase de plástica nos mandaban hacer recortables acaba llorando. Quizá fuera por eso que me dijeron, lo de que tener unas tijeras abiertas encima de la mesa da mala suerte. Ahora sé que es verdad.

 

9. JayYou.

Algunas cosas caían, pero otras subían. Tristemente, no lo hacían en el orden correcto. ¿Los precios? Subían, junto al paro y los impuestos. En cambio, los sueldos caían, junto a pensiones, sanidad y educación. Y los ciudadanos se encontraban en medio, mirando hacia arriba y hacia abajo, situados en un precipicio con su nivel de vida en las manos, deseando que la gravedad desapareciera y no tuviese que caer al infierno con él.

 

8. Erques Torres. “El principio”.

Miro mis brazos, rojos, “¡qué ironía!” pienso mientras me tambaleo hacia la puerta. 

Pido ayuda, solo se escuchan gárgaras. 

Se acercan.

“De esta no salgo, y, aun en el mejor de lo casos ya todo se fue a la mierda”.

Puedo notar como se me termina de pasar el efecto de la cocaína antes de desvanecerme.

“No fue justo, lo se, pero era necesario… o eso creí en su momento. Ahora ya no importa”. 

  – Soy Mariano.

  -No tienes aval. 

El aire frio de la calle. Mis costillas dan contra el asqueroso suelo del callejón.

“De esta no salgo”.

 

7. Davinia Pérez.

Érase una vez un iluso extraterrestre que llegó a la Tierra pensando que era un buen sitio para pasar sus vacaciones. Al aterrizar en España, empezó a descubrir el placer del chocolate, de una cerveza fresquita, de pasar las horas delante de la caja tonta y de echarse la siesta de manera diaria. Sus vacaciones acabaron y quiso volver a su planeta pero no tenía dinero terrestre para remunerar el ascendido suplemento de entrada al aeropuerto, donde tenía la nave, ni para el combustible de la misma. De todas formas, no habría cabido en ella.

 

6. S. de León. “España de Chanel”

Nunca entendí los motivos de aquel cambio superfluo donde todo se demolía sin tener en cuenta lo conseguido. Pasamos de vivir un sueño, a caminar por los confines de un mundo recortado, nauseabundo y patéticamente determinado por las manos de hipócritas élites de chanel. Perdí el norte de mis ilusiones. Me quisieron quitar las ganas de recuperar el aliento. Me quisieron robar el futuro a base de lisonjas preñadas de incertidumbre. Enfermo de coraje, nunca me diagnosticaron nada, no podían. Al hablar con la gente solo hubo mutismo, silencio; vacío y desinformación. Desperté. Cuarenta y cinco años no habían bastado.

 

5. José.

-Muchacho, ¿de verdad que Dunkin’ Donuts antes se llamaba España?
-Así te lo digo, hubo que aflojar de todos los sitios y se subastó
hasta el nombre.
-Madre mía, ¿España? Jajaja.

 

4. Guillermo Verdejo.

En un lugar apartado las historias que se escriben son cada día más raras porque están recortando hasta en palabras. La bruja malvada ya no regala manzanas porque la fruta fresca cada día está más cara, Rapunzel no ofrece su cabello a su esperado príncipe, Pinocho no va a la escuela porque la matrícula tiene suplemento para los niños de madera y hasta el Hada Madrina se piensa dos veces eso de ayudar al transporte público en calabaza. ¿Moraleja? ¡Que no te cambien el cuento!

 

 3. Thaliontil.

Intento salir a la calle, y no puedo, las señales de “prohibido el paso” me lo impiden. Abro la nevera, y no hay más que aire y los restos de un ayer que añoro. Mi casa parece asfixiarme entre sus estrecheces, y pese a mi flaqueza el cinturón no deja de apretarme. ¿Qué hago?, ¿por qué se oyen pasos en las escaleras? ¡He cumplido!, ¡he callado!, ¡no es justo!, eso les digo. Pero es en vano. “Es necesario”, dicen, y asiento. “Es por el país”, y vuelvo a asentir. Soy un buen ciudadano. Oigo el disparo…

 

2. Nora Navarro.

“¡Son amputaciones necesarias!” le decía la tijera al papel, que lloraba al ver que sus hermanos, las recetas y los libros, morían entre las tenazas. Lloraba tanto, que hasta las piedras se conmovieron. Y cuando le tocó el turno a la piedra, en lugar de aplastar violentamente a la tijera, como acostumbraba a ser el juego-, corrió a abrazarse a las hojas de canciones, poesías y derechos, escritas por los hombres. Cuando la tijera acudió furiosa a separarles, era tanta la belleza que desprendían las palabras, que se derritieron de vergüenza todos los objetos cortantes de la democracia.

 

1. Fernando Cañadillas. “Recorte por la línea de puntos”.

 Un buen día, algunas voces cabalísticas, desmemoriadas y ciertamente perniciosas se confabularon para enviar un mensaje importantísimo al Señor Barbudo. El mensaje decía así: “Recorte por la línea de puntos”. Aún sin entender estas palabras, el Señor Barbudo recortaba con embelesamiento y goce, sin percatarse de que los puntos éramos nosotros.

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