Banksy. Vida y obra de un desconocido

Corría el año 2006 cuando Paris Hilton sacó a la venta su debut musical. El álbum poblaba las tiendas de música de todo Reino Unido.

Sin embargo, cuarenta y ocho de estos establecimientos eran diferentes. En ellos, los clientes que compraron los discos se encontraron con otro tipo de edición. En la carátula se podía leer que estaban incluidos los temas ¿Por qué soy famosa?, ¿Qué he hecho yo? y ¿Para qué sirvo? Si lo abrías, en el interior había un CD casero con canciones completamente distintas y, tras el disco, la famosa aparecía con una cabeza de chihuahua. El folleto estaba plagado de mensajes satíricos y fotos de la estadounidense en topless.

Curiosamente, ni un solo cliente devolvió el álbum.

Tres años antes, el más famoso museo de arte moderno de Londres, el Tate Modern, tenía un cuadro de más que llamaba la atención. Lo mismo pasó en 2005 en el MOMA, el Museo Metropolitano de Arte, el Museo de Brooklyn y el Museo Americano de Historia Natural, en Nueva York. Incluso por el Louvre  y el Museo Británico se pasó aquella sombra fugaz de gabardina, barba postiza y sombrero que dejaba cuadros a su paso.

Todas las obras de arte intrusas, todos los discos retocados, tenían algo en común. La misma firma, el mismo autor: Banksy.

¿Quién es Banksy?

Apodado por muchos como el artista guerrillero, apenas se sabe de su identidad, pero sí que empezó su carrera de grafitero por las calles de Bristol -Inglaterra- a principios de los noventa.

Su gran cambio en su “modus operandi” lo dio una noche debajo de un camión, escondido de la policía que lo perseguía por haber empezado a pintar en un tren. Tras una hora esperando así, tomó una decisión: “tenía que tardar menos tiempo en pintar. Entonces vi que el tanque del motor del camión tenía letras pintadas con una plantilla. Yo podía hacer lo mismo con letras mucho más grandes”.

Banksy entró de esta manera en el mundo de los stencils.  Una forma rápida y eficaz de llenar la ciudad de sus dibujos y su nombre. En el año 2000 tuvo su primera exposición en Severnshed, un restaurante-barco de Bristol.  Los que compraron allí sus obras por 100 libras no se imaginaron que años después podrían revenderlas por 30.000.

Desde esa exposición, la fama de Banksy empezó a subir como la espuma. Sus dibujos hacían su burla al sistema por Los Ángeles, Barcelona, San Francisco, o Londres, ciudad donde se estableció. Tener un cuadro de Banksy pasó a ser un lujo que algunas celebridades como Brad Pitt o Angelina Jolie podían permitirse.

El arte del artista

Banksy ha hecho de su arte un espectáculo mordaz y continuo a lo largo de este siglo.

El muro que Israel alzó ilegalmente para apropiarse de territorios palestinos amaneció un agosto de 2005 con las pintadas del artista. Murales que anuncian y denuncian lo que Israel está haciendo de Palestina: “la mayor cárcel al aire libre del mundo”.

En cierta entrevista con The New York Times,  explicó que “como los neoyorquinos no se interesan por el arte y sólo se preocupan por sus mascotas, voy a exhibir mascotas”. Y de ahí que inaugurase The Village Pet Store and Charcoal , una irreverente instalación a la que le puedes echar un vistazo en el siguiente vídeo.

Y en otra ocasión, se ha ganado revuelos de toda clase –protestas de los ecologistas, críticas de los medios de comunicación y admiraciones de los fanáticos- por pintar a un elefante con el mismo estampado de la habitación en la que se encontraba.

Pero lo cierto es que Banksy no es un pionero en su estilo, ni mucho menos. Se le asocia con la culture jamming surgida en 1984 y que consiste en transformar los iconos de la cultura popular, para atacarla con su mismo método. Otros ven similitudes con los grafitis que la banda anarcopunk Crass pintó por todo el metro londinense y vallas publicitarias a principios de los 80, llamando a la acción directa y revolucionaria. E incluso el propio Banksy ha reconocido parte de sus influencias: “Cada vez que creo que he pintado algo ligeramente original, me doy cuenta de que Blek Le Rat lo hizo mejor, sólo que veinte años antes.”

¿Por qué la gente idolatra tanto a Banksy, entonces?

En Bristol, el mismo año en que los discos de Paris Hilton fueron manipulados, la prensa local de Bristol retransmitió un nuevo y polémico acontecimiento. Un edificio frente al ayuntamiento que alberga una clínica de enfermedades mentales tenía, un buen día, pintado un “Banksy”. Las opiniones sobre sí debía borrarse el dibujo o no eran dispares, por lo que el ayuntamiento decidió convocar una especie de referéndum. Participaron 500 personas. Y el 95% votaron que debía permanecer.

Dibujo realizado frente al ayuntamiento

Banksy no se queda en los sprays. En 2010 se estrenó como realizador con Exit Through the Gift Shop, un documental con muy buena acogida en el mundo del cine, y ha publicado cuatro libros con fotografías de sus obras y algunos escritos subversivos.

El mensaje de Banksy

Hay quien critica que Banksy no es lo mejor que ha dado Bristol en artistas callejeros, pero sí que ha sabido darse publicidad. Quizás sea por encarnar a una figura cuanto menos contradictoria.  Internacionalmente famoso y desconocido para casi todos, tan venerado como repudiado, tan crítico como criticado, Banksy parece vivir en una nube oscura de polémica.

Expertos de arte consideran que la ironía no lo convierte en artista, y le achacan ser conceptualmente vago y dirigido a un público poco crítico. Asimismo, ha recibido críticas de la campaña Keep Britain Tidy,  preocupada de que “glorifique el arte de la calle, el cual es esencialmente vandalismo”. Muchos artistas lo llaman “vendido” y hasta colectivos antisistema han repartido octavillas frente a sus exposiciones para dar a conocer que el graffitero trabaja para grandes empresas y galerías de arte.

Sea como sea, el artista parece haberse convertido en una parte más de su controvertida obra. La gente quiere una camiseta de Banksy, quiere un cuadro suyo encima de la chimenea y quiere ver aparecer su cara en televisión. Pero sería una idea mejor separar el arte del artista, y quedarnos con el mensaje para olvidar el merchandising.

“Vives en una ciudad y todo el tiempo hay símbolos diciéndote qué hacer y carteles intentando venderte algo. Yo siempre sentí que estaba bien responder un poquito, que la ciudad no debería ser una conversación en un sólo sentido. El graffiti siempre ha sido una manifestación artística temporal. Haces tu marca y luego la limpian. O sea, la mayoría de ellas están diseñadas sólo para que se vean bien desde un auto en movimiento y no necesariamente para que se queden en los libros de historia. Quizá el arte se trata de intentar vivir por un momento en él”.  –Banksy.