Víctor Jara. El cantautor del obrero

“El amor a la justicia como instrumento del equilibrio para la dignidad del hombre”, era su oración.  Víctor Jara fue asesinado bajo la dictadura de Augusto Pinochet el 16 de septiembre de 1973. En sus cuarenta y dos años de vida, fue campesino, obrero, director teatral, actor, dramaturgo, investigador del folclore y de los instrumentos indígenas y profesor. Por encima de todo eso, fue cantautor. Este post es un ligero recorrido por fragmentos de su vida y sus canciones*.

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él
con él, con él, con él

De su padre Manuel, Víctor heredó el oficio de su campesino, y de Amanda, su madre, el de músico. Cuando Manuel los abandonó, la familia se mudó a Santiago de Chile, y cuando Amanda falleció, su hijo ingresó en el seminario. Tenía 15 años por entonces, y 17 cuando lo abandonó, sacando en claro que su única vocación allí había sido el coro.

Qué saco rogar al cielo
si en tierra me han de enterrar,
la tierra me da comida,
la tierra me hace sudar.

Qué saco sudando tanto,
y comiendo poco y nada,
si mi tierra no es mi tierra
y el cielo, cielo nomás.

A los 25 años, para poder acudir a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, Víctor pasaba las noches por las inmediaciones de la misma. Allí fue donde conoció a Violeta Parra, la artista que compuso Gracias a la vida y que se convertiría en su mentora.

Aquí se encajó mi canto
como dijera Violeta
guitarra trabajadora
con olor a primavera.

Que no es guitarra de ricos
ni cosa que se parezca
mi canto es de los andamios
para alcanzar las estrellas

Después de lanzarse a su carrera como solista de lo más reivindicativo en 1966, y publicar sus dos primeros discos -Víctor Jara (Geografía) y Canciones folclóricas de América-, sacó a la venta en 1967  Víctor Jara, álbum donde la primera canción hace homenaje al Che Guevara.

Nunca se quejó del frío,
nunca se quejó del sueño,
el pobre siente su paso
y lo sigue como ciego.

Correlé, correlé, correlá
por aquí, por allí, por allá,
correlé, correlé, correlá,
correlé que te van a matar,
correlé, correlé, correlá.

Y el cuarto disco, Pongo en tus manos abiertas, lo publicó en 1969,  continuando con la reafirmación de su compromiso político. El álbum fue considerado por la revista Rolling Stone como el tercer mejor disco chileno de todos los tiempos. Arranca con la canción A Luis Emilio Recabarren, para muchos el padre del movimiento obrero de la revolución en Chile.

Con el viento, con el viento
de la pampa
tu voz sopla por el centro
y por el sur.


Árbol de tanta esperanza
naciste en medio del sol
tu fruto madura y canta
hacia la liberación.

En el mismo disco, Jara acomete contra la masacre de  Puerto Montt  también en 1969, Chile. Bajo órdenes del Ministro de Interior Zujovic, los carabineros asesinaron a diez civiles y dejaron más de cincuenta heridos.

Usted debe responder,
señor Pérez Zujovic,
por qué al pueblo indefenso
contestaron con fusil.

Señor Pérez, su conciencia
la enterró en un ataúd
y no limpiarán sus manos
toda la lluvia del sur.

Dos personas influyeron decisivamente en la vida y carrera del chileno: el poeta Pablo Neruda y el presidente Salvador Allende. Cuando éste último aún hacía su campaña electoral con el partido Unión Popular, Jara le prestó todo su apoyo desde su disco Canto libre y su militancia en las Juventudes Comunistas. Luego, Allende llegó a la presidencia, y le dio al cantautor el título de Embajador Cultural del país.

Por otra parte, Víctor fue el encargado de dirigir el homenaje de a Pablo Neruda por ganar el premio nobel de literatura. Y dos años más tarde, a petición del poeta, apareció durante una temporada en televisión cantando en contra de la guerra y el fascismo.

Eso último ocurrió en 1973, el mismo año en que Pinochet dio un golpe de Estado y a Jara se lo llevaron preso al Estadio Chile, posteriormente conocido como Estadio Víctor Jara, donde escribió sus últimos versos.

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Once versos que nadie oyó con su voz ni con su guitarra, porque le cortaron su lengua y sus manos antes de matarlo. Probablemente para no sentirse incómodos con canciones como Plegaria al obrero.

Líbranos de aquel que nos domina
en la miseria.
Tráenos tu reino de justicia
e igualdad.
Sopla como el viento la flor
de la quebrada.

[…]

Levántate y mírate las manos
para crecer estréchala a tu hermano.
Juntos iremos unidos en la sangre
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

El icono de la canción protesta se ha convertido en una fuente, aún hoy inagotable, de homenajes e inspiración artística. ¿Prueba de esto? La primera vez que lo oí nombrar fue a través de un grupo de ska español, coreando un pegadizo estribillo sin apenas pensar en su significado: “revolución, revolución, revolución, Víctor Jara cantó”.

*No olvides hacer click en las estrofas para acceder a las canciones.

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